El sector financiero es uno de los actores más decisivos en la lucha contra el cambio climático porque controla el “sistema circulatorio” del modelo económico: el flujo de capital. De cómo bancos, inversores, aseguradoras y bancos centrales gestionen ese capital dependerá que sigamos financiando una economía intensiva en carbono o que aceleremos una transición ordenada hacia un modelo bajo en emisiones y resiliente.
A continuación, el rol clave del sector financiero, organizado por funciones.
1. Por qué el sector financiero es tan relevante para el clima
- El volumen de recursos es enorme.
Solo los bancos multilaterales de desarrollo (Banco Mundial, BID, BEI, etc.) canalizaron en 2024 unos 137.000 millones de dólares en financiamiento climático, más otros 134.000 millones en capital privado movilizado, con fuerte foco en países de ingresos bajos y medios. Estas cifras dan una idea de la capacidad del sistema financiero para escalar soluciones climáticas. - El sistema financiero está expuesto al riesgo climático.
Organismos como bancos centrales y supervisores ya reconocen que el cambio climático (impactos físicos y de transición) es fuente de riesgo financiero sistémico: si no se valora adecuadamente, puede desencadenar pérdidas significativas e inestabilidad financiera. Por eso, integrar el clima ya no es solo “RSE”, sino gestión de riesgo puro. - El capital público es insuficiente sin el privado.
Informes de ONU y WRI remarcan que los presupuestos públicos no alcanzan para financiar toda la mitigación y adaptación requerida; es imprescindible movilizar masivamente recursos privados, usando fondos públicos de forma inteligente (garantías, first loss, blended finance) para atraer capital institucional.
2. Asignador de capital: de “financiar el problema” a “financiar la transición”
La función más obvia del sector financiero es decidir a qué se presta, en qué se invierte y en qué no.
2.1. Redirigir financiación hacia actividades bajas en carbono
Bancos comerciales y de inversión están adoptando estrategias climáticas con objetivos cuantificados de descarbonización sectorial:
- CaixaBank, por ejemplo, se ha comprometido a ser neutra en carbono en 2050 y a reducir un 30% la intensidad de emisiones de su cartera eléctrica y un 23% las emisiones financiadas en petróleo y gas para 2030, al tiempo que elimina la financiación a carbón térmico en ese horizonte.
- Grupos como BBVA fijan metas de canalización de “negocio sostenible” por cientos de miles de millones de euros hasta 2029, vinculando crecimiento del banco a financiación verde (renovables, eficiencia, movilidad, vivienda eficiente, etc.).
Esto implica:
- Menos crédito y capital para proyectos intensivos en carbono (carbón, ciertos hidrocarburos sin plan de transición).
- Más crédito, equity y project finance para renovables, redes eléctricas, almacenamiento, economía circular, agricultura climáticamente inteligente, infraestructura resiliente, etc..
2.2. Compromisos net-zero y alineamiento con París
Bancos y gestores de activos se están adhiriendo a alianzas como la Net-Zero Banking Alliance (NZBA) o los Principles for Responsible Banking (UNEP FI), comprometiéndose a alinear sus carteras con los objetivos del Acuerdo de París y ser neutros en emisiones financiadas en 2050.
Esto obliga a:
- Medir las emisiones financiadas (PCAF).
- Definir objetivos intermedios (2030) por sectores de alta intensidad (energía, transporte, acero, cemento, inmobiliario).
- Ajustar gradualmente carteras y políticas de crédito / inversión para cumplir esos objetivos.
3. Gestión de riesgos: tratar el clima como riesgo financiero
El sector financiero también es guardián de la estabilidad del sistema; por eso, integrar el riesgo climático en la gestión es central.
3.1. Riesgos físicos y de transición
- Riesgos físicos: daños por eventos extremos (inundaciones, huracanes, sequías) a activos que respaldan préstamos o inversiones.
- Riesgos de transición: cambios regulatorios, tecnológicos y de mercado que pueden dejar activos fósiles “varados” (stranded assets) o devaluar empresas intensivas en carbono.
Firmas de consultoría y reguladores ya destacan que “el riesgo climático es riesgo financiero” y que debe integrarse en los marcos de gestión de riesgos de los bancos (crédito, mercado, operativo, reputacional).
3.2. Herramientas: TCFD, estrés climático y taxonomías
La adaptación del sector pasa por varias prácticas:
- Divulgación de riesgos y oportunidades climáticos según las recomendaciones de la Task Force on Climate-related Financial Disclosures (TCFD): gobierno, estrategia, gestión de riesgos, métricas y objetivos.
- Pruebas de estrés climático y análisis de escenarios: evaluar cómo responderían carteras y solvencia bancaria ante distintos escenarios de calentamiento o transición (descarbonización acelerada, shocks en precios de carbono, etc.).
- Taxonomías verdes y sostenibles: clasificaciones oficiales de qué actividades son “verdes”, de transición o marrones, que permiten etiquetar préstamos y bonos, y evitar greenwashing.
4. Innovación de productos e instrumentos climáticos
El sector financiero también impulsa la transición creando nuevos instrumentos que hacen “invertible” la acción climática.
4.1. Finanzas climáticas y productos verdes
- Préstamos y líneas verdes: crédito con condiciones preferenciales para proyectos de eficiencia energética, renovables, movilidad eléctrica, edificios verdes, agricultura sostenible.
- Bonos verdes y bonos de transición: deuda etiquetada cuyo uso de fondos se destina a proyectos de mitigación y adaptación (renovables, transporte limpio, resiliencia hídrica, etc.) y que exige reportes de impacto.
- Finanzas climáticas concesionales: préstamos con tasas y plazos favorables, subvenciones y asistencia técnica para proyectos en países en desarrollo, provenientes de BMD y fondos climáticos.
4.2. Movilización de capital privado a escala
Organismos como IFC (Grupo Banco Mundial) o el Fondo Verde para el Clima trabajan con bancos locales e instituciones financieras para estructurar productos climáticos (líneas verdes, garantías, securitización de carteras verdes) y escalar la inversión privada en mitigación y adaptación.
Ejemplos de impacto:
- Los BMD aumentaron 10% interanual su financiamiento climático, hasta 137.000 millones de USD en 2024, con un crecimiento aún mayor del capital privado movilizado (134.000 millones, +33%).
- Buena parte de estos recursos se canaliza precisamente a través del sistema financiero privado (bancos, fondos, mercados de capitales), ampliando la profundidad del mercado de soluciones climáticas.
5. Bancos centrales, supervisores y reguladores
No solo los bancos comerciales tienen rol; también los bancos centrales y las autoridades supervisoras están entrando de lleno.
- Consideran cómo los riesgos climáticos pueden afectar la estabilidad financiera, evaluando la necesidad de incorporar criterios climáticos en políticas macroprudenciales y requerimientos de capital.
- Impulsan pruebas de estrés climático a nivel de sistema, para identificar vulnerabilidades de bancos y aseguradoras frente a shocks climáticos.
- Promueven, o incluso exigen, transparencia en divulgación climática y el desarrollo de taxonomías y estándares de finanzas sostenibles, alineados con el Plan de Finanzas Sostenibles de la UE o marcos equivalentes en otras regiones.
Este rol regulatorio crea un “marco de juego” que obliga a las entidades financieras a tomarse el clima en serio, tanto por cumplimiento como por prudencia.
6. Desafíos clave y riesgos
Aunque el rol del sector financiero es potencialmente transformador, hay frentes abiertos:
- Greenwashing: sin estándares y taxonomías robustas, existe riesgo de etiquetar como “verde” actividades que no lo son realmente.
- Brecha adaptación vs. mitigación: el grueso del financiamiento climático sigue yendo a mitigación; la adaptación (resiliencia, infraestructura, agricultura) recibe mucho menos, pese a su urgencia, especialmente en América Latina y el Caribe.
- Capacidades técnicas: muchas entidades medianas y pequeñas aún no tienen equipos ni datos para medir emisiones financiadas, analizar escenarios climáticos o diseñar productos verdes sofisticados.
- Riesgo de transición brusca: si la regulación o los mercados exigen descarbonización muy rápida, carteras aún muy expuestas a sectores fósiles podrían sufrir pérdidas abruptas, con efectos sistémicos si no se hace una transición ordenada.
7. En síntesis: por qué el sector financiero es pieza clave
Resumido, el rol del sector financiero en la lucha contra el cambio climático se articula en tres ejes:
- Financiar la transición: redirigiendo crédito, inversión y seguros desde actividades intensivas en carbono hacia soluciones bajas en emisiones y resilientes, con objetivos claros (2030/2050) y productos específicos (bonos verdes, préstamos sostenibles, blended finance).
- Gestionar y reducir riesgos climáticos: integrando el clima en modelos de riesgo, pruebas de estrés, gobernanza y divulgación (TCFD), para evitar shocks financieros y al mismo tiempo detectar oportunidades de negocio climáticamente alineadas.
- Influir en la economía real: a través de sus decisiones de financiación, sus condiciones de crédito, su papel como accionistas y su diálogo con clientes, el sector financiero puede acelerar o frenar la transformación de sectores clave como energía, transporte, construcción, agricultura e industria pesada.
Por eso, más que un actor accesorio, el sistema financiero es hoy uno de los principales “aceleradores” (o frenos) de la acción climática. La diferencia la marcarán las entidades que pasen de declaraciones genéricas a integrar el clima en el corazón de su modelo de negocio, su gestión de riesgos y su oferta de productos.